El directorio del Banco Central de la República Argentina confirmó lo que el mercado venía anticipando desde mediados de enero: un recorte de 500 puntos básicos en la tasa de política monetaria, que pasó del 35% al 30% anual. La decisión, comunicada tras el cierre de los mercados el martes 3 de febrero, representa el sexto recorte consecutivo en un ciclo de flexibilización monetaria que acumula 9.500 puntos básicos desde el pico del 125% alcanzado en diciembre de 2024.

La lectura del mercado: optimismo con matices

La reacción de los activos financieros fue positiva pero ordenada. Los bonos soberanos en dólares lideraron las subas: el Global 2030 avanzó 1,8% hasta USD 72,40, mientras que el Bonar 2035 sumó 1,2% para cerrar en USD 68,90. El riesgo país, medido por el EMBI+ de JP Morgan, comprimió 28 puntos hasta los 612 puntos básicos, el nivel más bajo desde agosto de 2019.

Lo más revelador fue la calma del dólar financiero. El contado con liquidación cerró en $1.285, apenas $3 por encima del cierre previo. Esta estabilidad no es casual: los futuros de dólar en Rofex ya incorporaban una tasa implícita consistente con un recorte de esta magnitud desde la última semana de enero. El mercado no fue sorprendido; fue confirmado.

La lógica detrás del recorte

El comunicado del BCRA fue escueto pero suficiente. Destacó tres factores: la consolidación de la tendencia desinflacionaria, con el IPC de enero en 3,2% mensual; la acumulación de reservas internacionales netas por USD 2.400 millones en lo que va del año; y la estabilidad de las expectativas relevadas en el REM, donde la mediana de analistas proyecta una inflación del 28% interanual para diciembre de 2026.

Desde una perspectiva de mercado, el recorte era no solo esperado sino necesario. Con una tasa real ex-post que se mantenía en niveles fuertemente positivos — superior al 15% anualizado —, el costo de mantener el sesgo contractivo empezaba a generar distorsiones. Las empresas enfrentaban costos de financiamiento incompatibles con la expansión de la inversión, y los depósitos a plazo fijo estaban capturando flujos que el sistema productivo necesitaba.

Qué mira el mercado hacia adelante

La curva de LECAPs ofrece pistas claras. Las letras a 90 días operan con tasas del 27,5% nominal anual, mientras que las de 180 días se ubican en el 25,8%. Esta inversión implícita sugiere que los operadores esperan al menos dos recortes adicionales de 250 puntos básicos cada uno antes de junio, lo que llevaría la tasa de referencia al rango del 25%.

El interrogante central es si el BCRA puede sostener este ritmo de flexibilización sin comprometer la estabilidad cambiaria. La respuesta depende de dos variables que el mercado sigue con obsesión: el flujo de dólares del agro — donde las liquidaciones de la cosecha gruesa recién empezarán a tomar volumen en abril — y la dinámica fiscal, donde el gobierno mantiene un superávit primario del 0,8% del PBI acumulado en los últimos doce meses.

El impacto en la economía real

Para el sector corporativo, cada punto de baja en la tasa representa un alivio financiero concreto. El stock de préstamos comerciales en pesos creció 12% real interanual en enero, el primer registro positivo en nueve meses. Las líneas de inversión productiva del BCRA, con tasa subsidiada al 22%, registraron desembolsos récord de $1,8 billones en el primer bimestre.

El mercado hipotecario también empieza a despertar. Los créditos UVA, relanzados en el segundo semestre de 2025, acumularon $450.000 millones en originaciones en enero, el mejor registro mensual desde la creación del instrumento. La baja de tasa potencia este canal, aunque los precios de las propiedades en CABA ya acumulan un rebote del 18% en dólares desde los mínimos de 2024.

La señal de fondo

Más allá de los números, el recorte al 30% envía una señal de confianza institucional. Un banco central que puede bajar tasas sin generar corridas está demostrando que el programa de estabilización tiene credibilidad. No es un dato menor para un país que en los últimos veinte años asoció la baja de tasas con el preludio de una crisis.

La clave está en no confundir prudencia con timidez. El mercado no pide tasas del 10% mañana; pide una trayectoria creíble de convergencia. Y por ahora, el BCRA está entregando exactamente eso. Si los datos de inflación de febrero confirman la tendencia — las mediciones de alta frecuencia apuntan a un IPC en torno al 2,8% mensual —, el próximo recorte podría llegar antes de lo que muchos esperan.

Para los inversores, el mensaje es claro: el ciclo de compresión de spreads no terminó. Los bonos soberanos todavía tienen recorrido alcista, especialmente en el tramo largo de la curva, y las acciones del sector financiero — Grupo Galicia, Banco Macro, BBVA Argentina — siguen siendo la apuesta directa al éxito del programa de normalización monetaria.